La próxima vez que llueva fuerte en La Paz, el agua va a correr sobre concreto y arroyos devastados hasta llegar al mar.
Eso no es fatalidad, es una decisión de diseño, una que se toma, muchas veces sin pensarlo, cada vez que se autoriza una calle, un estacionamiento, un fraccionamiento, una poda en un arroyo sin preguntarse qué puede hacer el suelo.
Una de las diez semillas que surgieron del proceso RIVA Incide 2025 plantea algo que parece modesto pero no lo es: desarrollar un proyecto piloto de infraestructura verde e hidrogeología urbana que demuestre, con datos reales del territorio de La Paz, qué funciona y qué no.
Aprender aquí, antes de escalar, no importar soluciones diseñadas para otros climas y otras geologías.
La pregunta que organiza esta semilla no es técnica, aunque su respuesta lo sea: ¿por qué seguimos interrumpiendo los sistemas de flujo del valle en el que se asienta la ciudad de La Paz con infraestructura que no le pregunta al suelo qué puede hacer?
Aprender aquí no es una preferencia metodológica, es una necesidad estructural y la respuesta no es decorativa; es regenerativa.
En un territorio árido como el de La Paz, el suelo vivo, el arroyo que sigue funcionando, la superficie que todavía infiltra, son la mejor infraestructura hidrológica disponible.
Sustituirlos por concreto no es solo una pérdida ecológica, es una decisión económica y técnicamente costosa que después nadie sabe cómo revertir.
Parece modesto porque no promete transformar la ciudad de golpe, pero no lo es porque hacer eso bien, con rigor científico, con comunidad, con datos que después puedan ser de utilidad para diseñar una norma municipal, es exactamente lo que pretendemos hacer en La Paz y ¿por qué no, escalarla a un orden estatal y nacional?
Se busca dejar la infraestructura gris en el pasado
En 2026, esa semilla está germinando y lo está haciendo en un lugar concreto, con personas concretas, con una pregunta concreta.
El predio está en Cola de Ballena-Calafia, colinda con las 250 viviendas del programa federal Vivienda para el Bienestar que ya están en construcción en la zona.
El PDUCP vigente lo reconoce como área verde, y antes de que pasara lo que pasó con dos predios que la comunidad perdió, las vecinas lo reforestaron el año pasado como acto de defensa.
Después de un año de gestiones, conversaciones incómodas y momentos difíciles, hoy hay una conversación real entre la comunidad y la autoridad sobre convertirlo en un parque.
No cualquier parque: uno diseñado desde el agua y el suelo, con la comunidad, con datos hidrogeológicos del sitio, con infraestructura verde que responda a lo que ese territorio específico necesita y puede hacer.
Ese parque es el caso piloto, no será un experimento aislado: es el centro de un proceso que articulará cuatro pilares: formación técnica, levantamiento e investigación del territorio, diseño participativo y construcción del argumento institucional.
Lo que hará este proceso distinto a otros no es solo quién participa, sino el enfoque centrado en las personas y la infraestructura verde, y cómo el aprendizaje durante el proceso se convierte en un instrumento que sume a la reflexión de cómo cambia y crece la ciudad.
Más que un parque
Al final de los siguientes meses, el proceso apunta a algo más que un parque bien diseñado.
Apunta a ser un insumo para el instrumento rector de infraestructura verde y azul para el municipio de La Paz: una norma técnica que el Ayuntamiento tiene pendiente publicar, y que este trabajo está diseñado para alimentar directamente, no como recomendación que queda en un cajón, sino como insumo técnico construido desde casos reales, con datos del territorio, con una comunidad que lo respalda y con costos que lo hacen presupuestable.
Ese instrumento no opera en el vacío. La NOM-003-SEDATU-2023 ya establece el marco federal de resiliencia territorial: criterios de infiltración, gestión del agua pluvial, reducción de vulnerabilidad hídrica, lo que falta es el eslabón local que traduzca ese mandato en obra concreta.
SEPUIMM y DGGIC son el puente entre la norma federal y la capacidad local de ejecutar. Este piloto está diseñado para hablarle a los tres órdenes al mismo tiempo: demostrar con datos propios del territorio y ofrecer un modelo replicable para otros municipios en Baja California Sur.
Significaría que cuando alguien presente una licencia de construcción, una lotificación, un fraccionamiento, habría criterios claros, técnicos, medibles, locales, sobre cómo debe relacionarse esa obra con el agua y el suelo del lugar donde se asienta. Significaría que la información, por fin, tendría consecuencias.
La fuerza de esta semilla no está solo en el parque. Está en que une cuatro niveles al mismo tiempo, desarticular cualquiera de esos cuatro es perder la apuesta: el territorio que aprende a infiltrar, la institución que incorpora criterios técnicos medibles, la comunidad que cuida y monitorea lo que ayudó a diseñar, y la ciudadanía que exige que la obra pública rinda cuentas al suelo y al agua.
Súmate a este proceso
Las vecinas organizadas de Cola de Ballena-Calafia llevan meses defendiendo ese predio. Lo reforestaron como acto político antes de que alguien presentara un proyecto más, ellas son el centro de este proceso; no sus destinatarias.
Lo que buscamos ahora es construir alrededor de esa comunidad un equipo, multi e interdisciplinario, que le dé soporte técnico a lo que ya está en marcha.
Si te reconoces en alguno de estos perfiles, este proceso te necesita. No para llegar con soluciones, sino para construirlas desde adentro, con datos reales, con la comunidad que ya está lista, con la honestidad técnica de decir lo que funciona y lo que no.
Buscamos a alguien que garantice que el marco científico baje al territorio con precisión. A alguien que caracterice el sitio: qué hace el agua aquí, cómo se mueve, qué puede infiltrar y qué no.
A alguien que diseñe el espacio público y trabaje sobre datos reales. A alguien que conduzca las sesiones para que el diseño emerga desde adentro y no desde afuera. A alguien que traduzca todo eso a costos paramétricos y tipologías replicables. Y a alguien que se sume a seguir construyendo el mapa territorial de la RIVA.
Y también, tan importante como cualquiera de esos perfiles, buscamos a quien quiera entender, participar, documentar, preguntar. A quien habita La Paz y quiera saber qué pasa cuando llueve y por qué importa. A quien no tiene título pero tiene preguntas, esas personas no son el público de este proceso; son parte de él.