Cola de Ballena–Calafia: una reunión clave para pensar la vivienda, el agua y el territorio desde la ciudad que queremos

La mañana del 09 de febrero de 2026 se llevó a cabo una reunión de trabajo en la Oficina de Representación de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) en Baja California Sur, con la participación de vecinas de Cola de Ballena y Calafia, equipos técnicos del Colegio de Arquitectos de B.C.S., del Colegio de Arquitectos sección La Paz; así como de la plataforma Contener La Paz.

Más allá de su carácter institucional, el encuentro marcó un momento relevante para la ciudad: poner en diálogo directo vivienda, servicios públicos, agua, espacio común y planeación territorial, en una zona que ya enfrenta presiones estructurales y que hoy recibe un proyecto de vivienda del bienestar.

La reunión no fue casual ni improvisada. Es el resultado de oficios, solicitudes formales y gestiones sostenidas por parte de la comunidad organizada y de actores técnicos que, desde hace meses, han buscado abrir un canal institucional para tener información clara, seguimiento y certidumbre sobre el desarrollo de vivienda del bienestar en la zona.

En un contexto donde muchas decisiones urbanas se toman sin diálogo previo, este encuentro marca un precedente importante: poner el territorio y a quienes lo habitan en el centro de la conversación, antes de que los impactos sean irreversibles.


Escuchar para generar certeza, no para reaccionar tarde

Durante la reunión, Blanca Álvarez, presidenta del Comité Vecinal de Cola de Ballena–Calafia, e Italia Dalí Espinosa, liderazgo vecinal de Calafia, compartieron de manera directa las principales preocupaciones del territorio, construidas a partir de la experiencia cotidiana y del trabajo comunitario sostenido:

  • Agua: baja presión, tandeos irregulares, dudas sobre el funcionamiento del tanque elevado y preocupación por el aumento de la demanda.
  • Servicios públicos: alumbrado, banquetas, recolección de residuos y condiciones de seguridad.
  • Movilidad: saturación derivada de falta de opciones alternativas y seguras al auto, brindadas a través de una sola arteria de acceso, deficiencias del transporte público y riesgos viales.
  • Salud: déficit de servicios cercanos.
  • Espacio público y equipamiento social: ausencia de áreas de esparcimiento y la incertidumbre sobre el parque y equipamiento previstos en la planeación urbana.
  • Certeza institucional: necesidad de información verificable, trazable y con responsables claros.

Las vecinas fueron enfáticas: no están en contra de la vivienda social. Su demanda es que el proyecto no se construya sobre la incertidumbre ni traslade, una vez más, los costos de la planeación deficiente a comunidades que ya viven con carencias estructurales.

Desde la Representación de SEDATU en BCS se reconoció la legitimidad de la preocupación y la importancia de contar con márgenes de tiempo razonables para consolidar información técnica, planteando la posibilidad de retomar el diálogo una vez que exista mayor claridad sobre avances y alcances, como parte de un proceso de seguimiento.

Infraestructura Verde y Azul: gestionar el suelo para cuidar el territorio

Desde Contener La Paz, se subrayó que la discusión no puede limitarse a la provisión mínima de servicios, sino que debe incorporar cómo se gestiona y se diseña el suelo urbano cuando la ciudad incrementa su intensidad y complejidad.

La Infraestructura Verde y Azul (IAV) parte de una premisa clave: calles, parques, agua y suelo son sistemas interconectados, no piezas aisladas. Diseñados de manera integrada, estos sistemas permiten:

  • reducir riesgos hidrológicos y escurrimientos no controlados,
  • mitigar el calor urbano en zonas de alta densidad,
  • fortalecer el espacio común como infraestructura social,
  • y disminuir costos de operación y mantenimiento a mediano plazo.

Durante la conversación se abrió, además, una reflexión de mayor alcance: qué ocurre cuando predios con uso de suelo de equipamiento, zonas verdes y áreas deportivas, previstos en la planeación urbana, quedan atrapados entre la presión habitacional y la falta de instrumentos claros para activarlos.

Aquí es donde los instrumentos de gestión del suelo cobran relevancia. Más allá del caso puntual, se planteó la necesidad de explorar mecanismos que permitan compensar, redistribuir o consolidar equipamientos cuando la vivienda avanza, evitando que estos espacios desaparezcan por omisión y se pierdan oportunidades territoriales estratégicas.

En una zona como Cola de Ballena–Calafia, donde la intensidad urbana crecerá de manera significativa, esta lógica abre una pregunta de futuro: ¿es posible pensar no solo en pequeños parques de colonia, sino en un sistema de espacio público y un parque de carácter metropolitano, capaz de atender a una población ampliada y de cumplir funciones ambientales, sociales y de bienestar a escala ciudad?

En este marco, se planteó la posibilidad de explorar propuestas técnicas preliminares, sin compromisos presupuestales inmediatos, para la habilitación o mejora de equipamiento comunitario cercano al desarrollo habitacional, como un primer paso para regenerar el entorno urbano, articular suelo y servicios, y no perder suelo estratégico en un momento clave de expansión.

Más que una definición cerrada, el planteamiento deja abierta una ruta de trabajo: usar el crecimiento urbano como oportunidad para ordenar, contener y regenerar, en lugar de seguir acumulando déficits que después resultan mucho más costosos de corregir.

Capacidades técnicas para incidir y prevenir errores

La participación de los Colegios de Arquitectos y de actores técnicos en la reunión respondió a una lógica clara: poner capacidades técnicas, experiencia territorial y legitimidad social al servicio de mejores decisiones públicas.

Durante el encuentro, Pamela Amador, del Colegio de Arquitectos (Sección La Paz), y Alejandro Domínguez Valles, del Colegio de Arquitectos de Baja California Sur, subrayaron la importancia de anticipar impactos urbanos y evitar que los proyectos de vivienda reproduzcan déficits históricos en servicios, equipamiento y espacio público.

Su papel no es ejecutar obras ni sustituir a las instituciones responsables, sino:

  • proponer alternativas viables desde el territorio,
  • alertar sobre riesgos acumulativos que no siempre se ven en etapas tempranas,
  • y construir insumos técnicos que permitan no repetir errores en futuros desarrollos.

Desde la Oficina de Representación de SEDATU en Baja California Sur, encabezada por Silvia Salas Cariño, y con la participación de Gladys Acosta, se reconoció el valor de este tipo de aportaciones técnicas como base para pensar soluciones replicables, más allá del caso específico de Cola de Ballena–Calafia, y para fortalecer el diálogo entre política de vivienda, planeación urbana y gestión del suelo.

Un caso que busca dejar de ser excepcional

Cola de Ballena–Calafia no es un caso aislado. Es representativo de lo que ocurre cuando la ciudad crece más rápido que su capacidad de planeación, coordinación institucional y provisión integral de servicios.

Por ello, uno de los consensos del encuentro fue que este territorio puede funcionar como un caso de aprendizaje, no para frenar la vivienda social, sino para mejorar cómo se decide dónde, cómo y con qué criterios se construye en el futuro.

Diseñar bien desde ahora: abrir procesos, no cerrar conversaciones

La reunión no cerró temas ni anunció soluciones inmediatas, sí dejó algo fundamental: un registro institucional del diálogo, rutas de seguimiento y la voluntad de mantener la conversación abierta.

En un contexto de expansión urbana acelerada, diseñar bien desde ahora, integrando agua, suelo, equipamiento y vida cotidiana, es una responsabilidad compartida entre instituciones, comunidades y actores técnicos.

Porque la vivienda puede llegar sin certezas o puede llegar contenida por un territorio que se piensa, se gestiona y se cuida a tiempo.

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